Seguro que alguna vez has visto un vídeo de un gato moviendo la cola de un lado a otro mientras alguien sigue acariciándolo, o de otro que gira las orejas, intenta apartarse y termina soltando un bufido mientras alrededor todo el mundo se ríe porque "qué carácter tiene".
Y claro, los gatos tienen una forma muy suya de expresar desagrado que puede resultar hasta cómica desde fuera, pero detrás de muchas de esas escenas hay algo bastante menos divertido: el gato llevaba un rato diciendo que no quería seguir con esa interacción y nadie estaba entendiendo el mensaje.
Porque normalmente no pasan de estar tranquilos a morder de repente. Antes suelen aparecer pequeños avisos que, si sabemos leerlos, nos cuentan muchísimo sobre cómo se están sintiendo.
¿Sabemos realmente cuándo un gato quiere que paremos?
En agosto de 2026 se publicó una investigación en la revista científica Anthrozoös que analizó precisamente cómo interpretamos las personas determinados vídeos de gatos en Internet.
Los investigadores estudiaron 11 vídeos publicados en redes sociales en los que las interacciones se presentaban como juego, aunque los gatos mostraban conductas de rechazo o incomodidad y la persona continuaba interactuando con ellos. Después analizaron 1.100 comentarios de usuarios para comprobar cómo estaban interpretando esas escenas.
Lo interesante fue que muchas personas veían esas respuestas del gato como algo divertido, como una forma peculiar de cariño o incluso como una señal de que el animal estaba participando en el juego. También aparecía bastante la idea de que, si el gato realmente estuviera molesto, reaccionaría con más intensidad o simplemente se marcharía.
Y ahí está una de las claves: un gato no debería necesitar llegar al bufido, al mordisco o al zarpazo para que entendamos que quiere que paremos, porque muchas veces ya nos lo había dicho antes de una forma mucho más sutil.
Un gato incómodo no siempre parece un gato enfadado
Cuando pensamos en un gato que está incómodo solemos imaginarnos una escena bastante evidente: orejas completamente pegadas hacia atrás, bufido, gruñido, uñas o incluso un mordisco. Sin embargo, esas señales pueden aparecer cuando la situación ya ha escalado bastante.
Antes de llegar a ese punto suelen existir cambios más pequeños en su lenguaje corporal. Algunos son muy fáciles de pasar por alto y otros los interpretamos desde nuestra lógica humana, que no siempre coincide con la suya.
Eso sí, una señal aislada nunca debería interpretarse como una verdad absoluta. Lo importante es mirar el conjunto, observar qué estaba ocurriendo justo antes y ver si aparecen varios cambios a la vez.
1. Mueve la cola de forma brusca
Uno de los malentendidos más habituales tiene que ver con la cola, porque tendemos a trasladar al gato la idea de que una cola en movimiento significa entusiasmo o alegría.
En los gatos, sin embargo, un movimiento rápido o brusco de la cola durante una interacción puede indicar que está aumentando su nivel de activación o que empieza a sentirse incómodo. Si mientras lo acaricias comienza a moverla de lado a lado con más intensidad, golpea el suelo o el movimiento se vuelve cada vez más marcado, conviene prestar atención.
No significa que cualquier movimiento de cola sea negativo, pero si aparece junto a tensión corporal, cambios en las orejas o intentos de apartarse, puede ser una buena señal de que necesita una pausa.
2. Sus orejas empiezan a cambiar de posición
Las orejas nos dan muchísima información, aunque muchas veces solo nos fijamos en ellas cuando están completamente pegadas hacia atrás.
Durante una interacción, un gato que empieza a sentirse incómodo puede girarlas hacia los lados, moverlas hacia atrás o cambiar progresivamente la posición que tenía al principio. A veces el cambio es muy pequeño, pero si aparece acompañado de otros signos de tensión ya nos está dando pistas.
Lo importante no es esperar a que la señal sea exagerada, sino acostumbrarnos a observar esos pequeños cambios antes de que el gato necesite ser más claro.
3. Gira la cabeza y mira tu mano
Esta situación ocurre mucho durante las caricias. El gato está tranquilo, de repente gira la cabeza y mira la mano que lo está tocando y, como nosotros interpretamos que sigue tumbado y no se ha marchado, continuamos acariciándolo.
Después vuelve a mirar, quizá mueve la cola o cambia un poco la postura y, si seguimos insistiendo, puede llegar el mordisco. Desde fuera parece que ha reaccionado "de repente", pero desde su punto de vista quizá llevaba un rato intentando decirnos que ya era suficiente.
Que un gato mire una mano no significa automáticamente que vaya a morder, claro, pero si lo hace durante una interacción y además aparecen otros cambios en su cuerpo, merece la pena parar unos segundos y observar qué decide hacer.
4. La piel del lomo empieza a moverse
En algunos gatos podemos ver pequeñas ondulaciones o movimientos de la piel del lomo mientras los acariciamos. Puede ser algo muy sutil, pero a veces aparece cuando aumenta la sensibilidad o la estimulación.
Si junto a ese movimiento empiezan a aparecer cambios en la cola, en la postura o en la dirección de la cabeza, puede ser un buen momento para detener las caricias antes de que la interacción deje de resultar agradable.
Y esto es importante porque no todas las sesiones de mimos tienen que terminar cuando el gato se levanta enfadado o se marcha. También podemos aprender a parar mientras todavía estaba cómodo.
5. Intenta alejarse
Puede parecer la señal más evidente de todas y, sin embargo, es una de las que más tendemos a ignorar.
El gato se incorpora y seguimos acariciándolo. Da un par de pasos y lo atraemos de nuevo hacia nosotros. Intenta bajar de nuestros brazos y lo recolocamos porque pensamos que "si de verdad no quisiera, haría algo más".
Pero si un gato tiene la posibilidad de marcharse y decide hacerlo, esa decisión ya nos está dando una información bastante clara. Permitir que pueda iniciar y terminar una interacción cuando quiera es una parte muy importante de una relación basada en la confianza.
6. Se queda completamente quieto
Esta es una de las señales más fáciles de confundir porque un animal quieto puede parecernos un animal tranquilo, aunque quietud y relajación no significan necesariamente lo mismo.
Ante una situación que genera inseguridad o miedo, algunos gatos pueden quedarse inmóviles. Por eso conviene fijarse en el resto del cuerpo: si está rígido o suelto, si se encoge, si cambia la posición de las orejas, si las pupilas están muy dilatadas o si parece contener todo el cuerpo.
Un gato tumbado relajadamente y un gato inmóvil por inseguridad pueden parecerse durante un instante, pero cuando miramos el conjunto aparecen diferencias importantes.

7. Bufa
El bufido suele preocupar bastante porque es una señal muy sonora y directa, pero en realidad tiene una función bastante clara: crear distancia.
Puede significar algo parecido a "hasta aquí", "necesito espacio" o "esto me está superando". No significa automáticamente que tengamos delante a un gato agresivo, malo o con mal carácter, sino a un gato que necesita que algo cambie en ese momento.
Castigarlo por bufar no soluciona la causa de esa incomodidad y, además, podemos hacer que deje de utilizar una señal que precisamente estaba intentando evitar que la situación escalara.
Entonces, ¿tengo que dejar de acariciarlo cada vez que mueve una oreja?
No, porque esto tampoco consiste en analizar cada movimiento como si estuviéramos resolviendo un crimen felino.
Una sola señal puede tener muchos significados dependiendo del contexto, así que lo más útil es aprender a detectar cambios y combinaciones. Si durante una interacción la cola empieza a moverse de forma más brusca, las orejas cambian de posición, el cuerpo se tensa o el gato empieza a mirar nuestra mano, quizá convenga preguntarnos si sigue queriendo participar en ese contacto.
En vez de esperar a que llegue una señal mucho más evidente, podemos simplemente hacer una pausa y observar.
Haz una pequeña pausa durante las caricias
Si estás acariciando a tu gato y empiezas a notar algún cambio, deja de tocarlo durante unos segundos y mira qué hace.
Puede que vuelva a acercar la cabeza, que busque tu mano, se frote contra ti o vuelva a colocarse para pedir contacto. Si ocurre eso, probablemente quiere continuar.
También puede aprovechar la pausa para marcharse, cambiar de postura o quedarse tranquilo sin volver a buscarte, y esa respuesta también es perfectamente válida.
La idea no es adivinar lo que piensa, sino darle espacio para que pueda participar en la interacción en vez de ser simplemente quien la recive.
Muchas veces el problema no es falta de cariño
La mayoría de estas situaciones no ocurren porque queramos molestar a nuestros gatos, sino precisamente porque los queremos muchísimo y disfrutamos del contacto con ellos.
Los cogemos porque nos encanta tenerlos cerca, los acariciamos porque pensamos que lo están disfrutando y a veces insistimos un poco más porque nos cuesta imaginar que ese momento que a nosotros nos parece agradable pueda no estar siéndolo para ellos.
Pero querer mucho a un gato no significa que automáticamente sepamos interpretar todo lo que nos está diciendo. Su lenguaje se aprende y, cuanto mejor lo conocemos, más fácil es adaptar nuestra forma de relacionarnos con él.
Aprender a observar cambia la relación con tu gato
Cuando empezamos a entender mejor su lenguaje corporal dejamos de interpretar determinadas conductas como caprichos, mal carácter o reacciones que aparecen de la nada.
Empezamos a ver conversaciones donde antes solo veíamos comportamientos.
Un movimiento de cola, un cambio en las orejas, una mirada hacia nuestra mano o un intento de apartarse pueden ser pequeñas formas de pedir distancia. Si aprendemos a escucharlas, el gato no necesita recurrir tan a menudo a señales mucho más intensas.
Además, el comportamiento de un gato puede cambiar mucho cuando cambia su entorno o desaparecen temporalmente sus figuras de referencia, como explico en ¿Por qué algunos gatos cambian de comportamiento cuando su familia se va de vacaciones?.
En Cuaderno Felino me interesa especialmente esa parte del bienestar felino: observar al gato que tenemos delante, respetar sus tiempos y entender que no todos quieren las mismas caricias, ni disfrutan del mismo tipo de contacto, ni necesitan relacionarse con nosotros de la misma manera.
Conocer sus límites no hace que la relación sea más fría o más distante. Al contrario, hace que sea mucho más segura y predecible para él.
Fuentes: Henning, J. S. L., Nielsen, T. D. y Hazel, S. J. (2026). "Exploring Viewer Perceptions of Videos Depicting Cat-Dissented 'Play' and Their Potential to Contribute to Harmful Interactions." Anthrozoös (publicado online el 11 de agosto de 2026). University of Adelaide (2026), "The internet can't get enough of cats, but cats might have had enough of the internet."
Si quieres seguir aprendiendo a observar a tu gato más allá de lo evidente, en Cartas Felinas comparto reflexiones y recursos sobre comportamiento, bienestar y convivencia felina.
Sin fórmulas mágicas ni gatos de manual, porque cada gato tiene su propio idioma.
